Y en medio de este festival aparece la vicepresidenta segunda, la célebre Díaz —la Yoly para los íntimos— que ahora, en un giro digno de una telenovela, dice que la izquierda unida (es decir, ella misma) debe rebelarse contra el gobierNO… del que ella forma parte. Un prodigio de coherencia política: escupir al cielo mientras se pregunta quién le ha mojado.
Por un lado, quien quiera alquilar su piso para complementar su pensión —porque trabajó, ahorró o heredó un piso de sus padres— debe exponer su patrimonio a cualquier aventurero que pase por España, sin protección legal y con una colección de impuestos digna de museo: el IBI, el de basuras, y todos los que se les ocurran. A eso se suman seguros, derramas y demás alegrías comunitarias que aparecen cuando menos te lo esperas.
Y luego está la moda nacional: la OKUPA. Una tendencia tan arraigada que ya parece patrimonio cultural. Cualquiera puede instalarse en tu vivienda y la ley —esa entidad mística que aparece y desaparece según convenga— te explica que no puedes recuperarla porque los ocupantes son “sensibles y necesitados”. Tú, mientras tanto, peregrinas por juzgados, abogados y procuradores, pagando agua, luz y gas como si fueras tú quien disfruta del spa ilegal que han montado en tu salón. Con suerte, meses después, quizá recuperes tu casa y pierdas unos cuantos miles de euros por el camino.
También están los especialistas del alquiler: pagan unos meses, dejan de pagar y se declaran socialmente vulnerables. Y si tienen niños, la justicia directamente te invita a resignarte. Es la ocupación legal, la versión premium.
Mi experiencia personal no se queda atrás. Una lonja en Bilbao, un frutero pakistaní serio, un drama familiar en Pakistán, rescisión de contrato, devolución de fianza… y un nuevo inquilino recomendado por él. Resultado: meses sin pagar, denuncia, ocho meses de espera y lanzamiento judicial. Me dejó 12.000 € de regalo y las facturas del agua. El juez, muy comprensivo, explicó que como ganaba el salario mínimo no se le podía detraer nada. Ahora el artista pasea un Porsche por Bilbao. Un ejemplo perfecto del jeta de manual. Terminé malvendiendo la lonja para librarme del problema.
En un país que presume de ser serio, la propiedad privada parece un concepto opcional. Que cualquiera pueda quedarse con tu casa y que tú pagues sus consumos es una anomalía digna de estudio. Pero claro, así legislan nuestros “padres de la Patria”.
Y ahora, tras ocho años de profunda meditación, pretenden sacar una ley urgente que convierta los contratos de alquiler en eternos y con precios congelados. Una idea tan brillante que, si se aprueba, nadie querrá alquilar nada jamás. Es la expropiación legal disfrazada de progreso.
Ocho años lleva este gobierNO sin construir ni una sola vivienda social, pero eso sí: siempre hay tiempo para inventar nuevas formas de complicar la vida a los propietarios. Lo siguiente será pedir que entreguen las llaves voluntariamente… y quién sabe qué vendrá después
1 comentario:
Espero que si ha llegado al final me diga que le parece.
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